domingo, 29 de abril de 2012

Articulos Muy interesante sobre Lactancia Materna


Esto es la leche

¿Desde cuándo se ordeñan animales?¿Se ha utilizado la leche como cosmético? ¿Cuánta se produce en el mundo? ¿Puede ser perjudicial para la salud?

Los mamíferos tenemos el privilegio de poder pasar unos cuantos meses de nuestras vidas exclusivamente a base de leche materna. Hace años, cuando pudimos observar por vez primera imágenes de fetos que en el útero succionaban su dedo pulgar, interpretamos el hecho como una manifestación del reflejo de mamar. Quiere ello decir que estamos preparados para hacerlo desde antes de venir al mundo, y así el pezón materno se convierte en el primer objetivo de búsqueda para el recién nacido. En el hombre, la condición del pecho femenino como arrobador objeto de deseo perdura, como todos los lectores saben, hasta mucho tiempo después de finalizada la lactancia. “El seno alimentará al niño y regocijará al padre”, dicen que dice El Corán.

La trascendencia de la leche como alimento primordial dio lugar a su incorporación a importantes mitos, comenzando por definir un Paraíso donde corren ríos de leche y miel. Según la leyenda clásica, nuestra galaxia, la Vía Láctea, era un cúmulo de millares de gotitas de leche procedentes de los senos de la diosa Hera –Juno en la versión romana– esparcidas por el cielo cuando ella apartó bruscamente a Hércules de su pecho. Para los hindúes, la vida surgió de la ebullición de un océano de leche, y los celtas y egipcios recurrían al alimento primero para elaborar las pócimas con las que buscaban alcanzar la inmortalidad. Episodios relacionados con la lactancia son frecuentes en todas las culturas, como el de la diosa Isis, que concedía la inmortalidad a quien se nutriera de sus pechos, o el de Rómulo y Remo, que fueron amamantados por una loba.

Además de nutrir a su prole con la leche humana, desde muy antiguo –quizás hace más de 10.000 años– el hombre supo ordeñar y apreciar la leche de otros animales. La costumbre de utilizar una u otra [1] depende del tipo de mamífero asequible que prevalezca en una región. Hoy existen países donde es habitual el consumo de leche de burra, de camello, de búfala o de cebú. No hace falta ir muy lejos: en Laponia se consume leche de reno. Entre nosotros, las más utilizadas son las de vaca, oveja y cabra, siendo la leche el alimento de origen animal que más se consume en el planeta. La producción mundial supera ampliamente los 500 millones de toneladas, lo que supondría un consumo medio de casi
100 litros por habitante y año. La Unión Europea aporta el 22,4 por 100 de la producción mundial, en donde España figura en sexto lugar, con 7,1 millones de toneladas anuales (2002).

Algunas leches han servido desde antiguo de cosmético más o menos efectivo. Son famosos los baños de Cleopatra y Popea. De ésta, esposa de Nerón, se dice que llevaba en el séquito 500 burras destinadas a proporcionar la leche preferida para sus baños. Tengamos en cuenta que cada uno de aquellos animales no daba más que un litro y medio al día. En cambio, una vaca lechera puede producir diariamente hasta
60 litros. El 16 de enero de 1982, la vaca cubana Ubre Blanca produjo “en tres ordeños 109,5 litros de leche, hazaña sin precedentes en los anales de la ganadería mundial”, según informó adecuadamente la Unión de Periodistas de Cuba. En materia de producción, el mamífero que se lleva la palma es la ballena azul, cuya hembra en época de cría da diariamente 600 litros de leche en sus dos enormes mamas. Para los amantes de los récords, digamos también que las mamas más pequeñas, con tan sólo 2 milímetros cuadrados, las tiene la musaraña.

El uso más común de la leche en la cocina es la salsa bechamel, fundamento de muchas otras salsas y aplicaciones, en croquetas, canelones, huevos, gratinados… La fórmula original se atribuye –sin mucho motivo– al marqués Louis de Béchameil (1630-1703), consejero de Luis XIV, y se preparaba añadiendo crema de leche a un caldo.La receta más ortodoxa parte de leche que se ha hervido con una hoja de laurel y un casco de cebolla clavado con nuez moscada, aunque también puede llevar apio, champiñón, zanahoria o jamón. Se deja reposar media hora. Luego, en un recipiente de fondo grueso, se funde una cucharada de mantequilla y se añade otro tanto de harina, calentando lentamente este roux sin que tome color. Se añade la leche poco a poco, se remueve media hora con cuchara de palo y se sazona con sal y pimienta.

Muchos postres de la cocina española se fundamentan en la leche. Quizá los más emblemáticos sean el arroz con leche, el dulce de leche y la leche frita, más propios de las regiones del norte de la Península, donde más abundaba la leche. En esencia, la leche frita –dícese que es un plato imprescindible en las grandes solemnidades monacales y episcopales– se prepara hirviendo unos diez minutos leche donde se ha desleído harina con cáscara de limón y azúcar; las Clarisas de Nuestra Señora de la Consolación, cerca de Palencia, le mezclan al trigo algo de harina de maíz y añaden una copita de anís. Se ponen luego yemas de huevo batidas y se cuece algo más. Se deja cuajar en fuente plana, se corta en porciones que luego se rebozan, fríen en aceite bien caliente y salpican con azúcar y canela.

Algunas personas tienen problemas con la digestión de la leche. El más corriente, sobre todo en poblaciones procedentes de África, consiste en una intolerancia a la lactosa. El disacárido lactosa es abundante en la leche humana, donde representa el 7 por 100 del peso y constituye el 40 por 100 de la energía consumida durante la lactancia. En las leches de vaca y cabra el porcentaje no llega al 5. Además de aportar energía, la lactosa estimula la absorción intestinal y la retención del calcio y del hierro. Su digestión tiene lugar en el intestino delgado, donde hay una enzima denominada lactasa que es capaz de romper la lactosa en dos monosacáridos (glucosa y galactosa) que ya pueden ser absorbidos, pasando a la sangre. Si una persona tiene deficiencia de lactasa puede tener, entre otros problemas, hinchazón y diarreas. El prescindir de la leche y derivados lácteos por cualquier motivo debe compensarse con un aporte extraordinario de calcio

Siete falsos mitos sobre la leche

En un producto tan consumido a lo largo de la historia no es de extrañar que hayan surgido numerosas creencias falsas relacionadas con el consumo y las propiedades de la leche. Algunas han llegado hasta nuestros días.

Resulta beneficiosa para la piel. Nuestros antepasados relacionaron el consumo de leche con el rejuvenecimiento de la piel, al observar que la de los niños lactantes era suave y tersa. La realidad es que, aunque la leche tiene ciertas propiedades protectoras, pues de hecho se ha empleado mucho en cosmética, no por consumirla con mayor frecuencia se consigue un efecto real e importante sobre la dermis.

Es peligroso tomarla después de la lactancia. Desde hace ya unos años, existe una corriente de opinión que considera la leche un producto negativo. Los defensores de esta teoría argumentan que ningún mamífero vuelve a probarla después del destete y que el aparato digestivo del bebé está preparado para digerir la leche materna sólo durante la lactancia, ya que después desaparecen de manera natural las enzimas que la metabolizan. Se trata de unas afirmaciones falsas. Los animales no consumen leche porque no son ganaderos; de hecho no la desprecian cuando se la ofrecemos. Sí es cierto que las personas o los grupos sociales que no toman leche regularmente pierden las enzimas que la digieren, especialmente la lactasa, pero sólo por dejar de consumirla. Así, en los países nórdicos es raro ver intolerancias a la lactasa, mientras que en África se da justamente el fenómeno inverso. En España, este problema podría afectar hasta el 20% de la población.

Siempre hay que hervirla. La única leche que debe cocerse es la que se compra cruda, es decir, la que no ha sido sometida a ningún proceso de pasteurización o esterilización. Si se hierve en exceso, la leche pierde parte de su valor nutritivo, por lo que no hay que abusar del calentamiento intenso. Otra cosa es calentar el desayuno con el microondas, ya que esto no implica ninguna merma nutricional.

No se debe mezclar con frutas. Popularmente se acepta que la leche no debe combinarse con frutas ni zumos cítricos. En realidad, no existe ningún estudio serio que haya encontrado una sola razón para no hacer esta combinación. Quizás pueda justificarse por el hecho de que al mezclar, por ejemplo, zumo de naranja y leche, ésta normalmente se corta. Y existe la creencia errónea de que la leche cortada es insana. La leche se altera debido a que en ella crecen microorganismos que degradan la lactosa y producen ácido láctico. Cuando la concentración de éste empieza a ser elevada, las proteínas principales de la leche, las caseínas, son incapaces de mantenerse en solución y precipitan. Esto es lo que vulgarmente se conoce como cortado o cuajado dela leche. Estas bacterias acidificantes pueden ser peligrosas para la salud. Volviendo a la mezcla de zumo de naranja y leche, el ácido lo aporta la fruta. El efecto es el mismo, puesto que hemos acidificado la leche, pero la consecuencia es bien diferente. No existe ningún peligro para la salud, puesto que la causa no es de tipo microbiano, sino meramente física.

Encima de la leche nada eches. Según este dicho popular, después de beber leche no debe ingerirse nada, especialmente zumo de fruta, ya que hace que se corte en el estómago, lo que resulta peligroso para la salud. No tiene ninguna justificación. Se puede ingerir fruta o zumos a la vez que la leche, antes o después, sin que tenga que ser específicamente malo.

Cuanto más cara, más rica. Los precios de la leche son muy variables y dependen en gran medida de los fabricantes. Puede haber muchas marcas, pero fabricantes, es decir, centrales lecheras que garanticen el suministro, hay muy pocas. En muchos casos, se trata de marcas que crean una competencia en el mercado. Así, entre una leche entera de marca blanca, que se presentan con el nombre del supermercado, y la misma con marca comercial concreta puede haber una diferencia de 10 céntimos de euro, y esta misma diferencia se mantiene entre diferentes productos lácteos de distintas marcas. En este sentido, la diferencia de precio no está justificada. Se trata de una cuestión de marcas y de imagen, que también tiene un precio, pero no tanto por la calidad del producto en sí.

Si sabe podrida, la leche es de mala calidad. Aunque el tratamiento térmico de la leche es conservador respecto a la composición del producto, ocurre con relativa frecuencia que el calor causa una alteración que se conoce como gelificación de las leches conservadas. Esto ocurre porque se destruyen los microorganismos, pero no sus componentes, y especialmente sus enzimas, que pueden atacar las proteínas y la grasa lácteas. Como la leche posee una vida comercial prolongada, estas enzimas van actuando lentamente y destruyen en parte dichos componentes del alimento. La consecuencia es que al abrir el envase, ya sea un tetrabrik o una botella, se nota un sabor a podrido muy desagradable. Normalmente suele alarmar muchísimo al consumidor, aunque no tiene consecuencias.
Elena Sanz
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